Sensaciones…

Me han dicho que escriba sin mi presencia,
y me he ido tras la brisa que mece las flores del almendro y las hace caer.

Estoy aquí, en el jardín silente, dónde la vida se me muestra sin nada que la defina. Los nombres de las cosas, de los árboles, de las flores, de la mariposa… se han desvanecido y yo, también me he ido.

Agua callada que discurre nutriendo las raíces de lo que no se ve. ¿Puedes oler su perfume?

Buscamos para saber o entender cuál es la verdad y lo hacemos desde el deseo, la ansiedad, la prisa,… me temo que estamos observando el mundo desde el lugar equivocado. Y dime entonces:
¿Quién hace mover el viento?
¿Qué es más real la sombra o el árbol que la proyecta?

¡Qué hermosas son las sombras! ¿Por qué no las habré mirado antes?

Esta vez el céfiro acuna la esencia de todas las cosas despertándolas de la ilusión de sí mismas.

Calla hasta lo más hondo, me ha dicho… y me he perdido por la senda que te libera del olvido.

                                                                                           Granada, 18 junio 2017

Ilustración de Katarzyna Bruniewska

                                                                                                                                                                                                                          

 

Entre dos notas

raquel-diaz-regueraQue nadie diga que no he vivido. Nadie puede decirme que la vida se ha escurrido por mis días, y por mis horas. He visto tanto en estos tres años, tanto he aprendido, que las vivencias no me caben en ese lugar donde almaceno las cosas, principalmente, cuando cuesta digerirlas. Pero me voy, otra vez, a empezar una “nueva vida”. Qué ingenuas somos las personas ¿verdad? ¿Realmente se puede empezar una nueva vida? Tal vez la vida ni empiece ni acabe quizá, es mientras se transita, que va sucediendo.

Marta, time! ―ha exclamado Nicole mientras se levantaba de la butaca que hay frente a mí, en la salita donde los miembros del Staff hacemos los descansos, a la vez que me sacaba del limbo en que me encontraba.

Ready, steady, staaaand! ― replico casi inaudible mientras levanto el cuerpo con dificultad por el cansancio que llevo puesto.

Ready, steady, stand, repito internamente mientras subo la enmoquetada escalera que lleva al middle floor. Pienso en las veces en estos tres años que habré utilizado estas mismas palabras cada vez que ayudaba a levantar a alguno de los abuelos o abuelas que viven en St. Margaret’s. Palabras que ya han quedado integradas en mi vocabulario, pienso sonriendo.

En la última hora, el tiempo parece que entra en un letargo y se resiste a avanzar. Hace once horas que he entrado por esta misma puerta. Entonces las piernas me llevaban ágilmente hacia mi destino. Ahora, fatigadas, parece que hayan perdido su norte y les cuesta saber dónde tienen que ir. Repaso la pequeña libreta de notas que llevo en el bolsillo, para rememorar las personas a las que asisto hoy y así recordar dónde tengo que dirigir mis pasos. Finalmente, me he acomodado en el exterior de la Nursing Station, encima de una de las mesas de té que ponemos entre las butacas donde hoy están sentadas algunas de las abuelitas de la residencia a la espera de la supper, la cena. El reloj de broche que llevo colgado de mi uniforme me recuerda que son las siete y cuarto y que habrá que darse prisa en escribir las incidencias del día. Cinco archivos que he puesto delante de mi, uno encima del otro. Eso sí, bajo la mirada atenta de mis longevas amigas, que poco tienen que hacer en este momento salvo observar lo que pasa a su alrededor. Pero algo ha sucedido un instante más tarde.

Ha sido al finalizar un par de registros cuando, al levantar la vista de la ficha que estaba rellenando, mi mundo se ha transformado. Cual tripulante del Apolo11 me he encontrado sumida en un tiempo ralentizado en el que todo sucedía a un ritmo donde nada podía jugar a no ser visto. Ha coincidido además que en la radio, que a esta hora solemos tener puesta, ha empezado a sonar una de las mejores versiones que he escuchado del Agnus Dei de Samuel Barber. Así, en ese espacio sin tiempo, he ido viendo todo lo quejason-bard-yarmosky sucedía a mi alrededor envuelta en una especie de burbuja, libre de juicios, de ruidos, de nada que no fuera la simple observación. A mi derecha, la revoltosa de Cassy, que posee todas las cualidades de los hermanos Marx juntos, se ha puesto un sujetador encima de su jersey y va señalando unas fotografías que hay colgadas en la pared al ritmo de su “da,da,da,” que es lo único que últimamente sabe pronunciar. Delante de mí, Addys va haciéndome señas para que, por enésima vez, le responda a su pregunta de cuándo le van a servir su taza de té. Justo a su lado, Middy vocifera un “be quiet!”, cansada de oír a su vecina mientras mueve inquietamente las piernas, que ha dejado caer de los apoyos de la silla de ruedas que buenamente la acoge. Ha terminado con un “Shut up!” justo cuando Samantha pasaba frente a nosotras, con su peluca de lado, sus andares de cowboy a punto de disparar el revólver y, cómo no, su bolsa de poliéster reciclado de Lidl, que suele llevar con ella para guardar todo aquello que le llame la atención de las habitaciones que visita, incluida la suya. Todas las miradas han coincidido en la observación de su singular desfile, de su ritmo sigiloso, de la expresión entre solemne y sorprendida de su cara; y en el mundo en el que ellas se encontraban ―pues yo me encontraba, estoy convencida, en otro mundo― se ha hecho también el silencio. ¿Qué estaría pasando por la cabeza de cada cual para haber resuelto callarse?

Emma ha salido ahora por nuestra izquierda, con su reiterado “Where do I belong?”, sacando a mis compañeras de su silencio. Pero su interlocutora en ese momento ha sido Donna, cuyos oídos decidieron cerrar con llave la puerta que daba al mundo y tirarla al fondo del mar. Tampoco tiene Emma el oído muy aplicado, y habrá intuido que jamás llegará a saber dónde pertenece, con lo que, con la paciencia de santa que la caracteriza, ha decidido dar media vuelta y se ha ido detrás del “da,da,da” de Cassy, que se va alejando por el pasillo, ataviada orgullosa con su nuevo sostén.

Bajo las escaleras acolchadas que me habían traído a mi planta hace apenas una hora para regresar a casa, mi otro hogar. Voy masticando, con una vaga sensación de vértigo, ese instante vivido entre dos notas del Agnus Dei, en un mundo perdido, en el que solamente había una mirada y un único sentir. ¿O tal vez era un mundo en el que estaban todas las miradas y cada uno de los sentires?

Esta noche, como de costumbre, imágenes mezcladas van a ir irrumpiendo una a una en mis frágiles sueños. Las protagonistas de mi tiempo sin luna vendrán a hablarme al oído para hacerme reír, para susurrarme las lecciones aprendidas y para que hagan que alguna lágrima callada se hunda en mi almohada y deje en ella impresa su alma.

¿Y dónde estará mi estimado padre que no viene a visitarme también en mis sueños?

katarzyna-bruniewska

Traduzco algunas de las palabras:

Ready, steady, staaaand: Es una expresión parecida al uno, dos y tres que usamos, en ocasiones, previo a una acción.

Staff: Personal, empleados.

Middle floor: Piso medio, planta de en medio.

Nursing Station: Sala de enfermería

Be quiet!: ¡Silencio!

Shut up!: ¡Cállate!

Where do I belong?: ¿Dónde pertenezco?

Las preciosas ilustraciones son, en orden de aparición, de: Raquel Díaz Reguera, Jason Bard Yarmosky y Katarzyna Bruniewska

Baile de recuerdos

Entro en la habitación y te encuentro revolviendo todas tus cosas. Hoy te has puesto dos faldas, también una camisa encima de tu jersey. Un pie lo llevas cubierto por un calcetín de color rosa, y el otro, por unos leotardos a medias que vas arrastrando por el suelo mientras caminas por tu cuarto. Pareces buscar algo importante. Tal vez tu memoria perdida. ¿O estarás buscando, como tantas de nosotras, la vida que nos queda?

Para que aceptes mi compañía, intento hablarte de forma cercana y lo hago mientras voy poniendo orden a todas las cosas que has ido sacando de su lugar y has ido esparciendo por toda la estancia.

Una vez te he arreglado la ropa, te ayudo a acomodarte en el sillón de tu casa. Sé que cada vez que te sientas en tu butaca, con las piernas en alto, tapada con tu manta de patchwork y con la hermosa música clásica de alguno de tus CD de fondo, cierras los ojos y te transportas; te vas a otro mundo más amable para ti, tal vez sin olvidos y, lo mejor de todo, vuelve a tu rostro esa entrañable sonrisa.

Como sigues confundida, me arrodillo a tu lado y te recuerdo que este es tu hogar y, una a una, voy descubriéndote de nuevo todas tus cosas.

―Ésta es tu cama ―te explico señalando a tu izquierda mientras tú sigues mi mano con la mirada.

―Y allí, en esa pared, tienes todos tus cuadros ¿Lo ves?

―Aquí ―digo apuntando con mi índice la librería que tenemos al lado―, están tus libros y los discos con tu música preferida; y, en ese armario de allí, tienes guardada “toooda” tu ropa ―te indico haciendo un ademán con mi brazo.

Oh, yes! I see! ―me respondes pausadamente y visiblemente aliviada al reconocer tu reloj de pared, la fotografía que tienes con tu marido y todas las demás cosas que te voy nombrando.
Pongo sobre tus piernas la colcha de colores, que yo sé que adoras, y tú, vuelves a contarme, ya más animada, que la hizo especialmente para ti una buena amiga, una mujer mayor que tenía la virtud de confeccionar cosas hermosas.

Tomo tu otro tesoro, tu diario, donde tus hijas, tu familia y tus amistades más cercanas van anotando, en los días que vienen a visitarte, las actividades y anécdotas que han vivido contigo. Es curioso, pero es el único objeto que sabes donde debes colocar de nuevo cada vez que lo revisas. Put it there, above the cupboard, sueles indicarme. Yo me pregunto por qué querrá la vida que tus recuerdos aniden en la cima de un humilde armario.

Inmediatamente empezamos a pasear por tu diario. Lo leemos juntas. Primero te recuerdo y te señalo el día que es hoy y luego vamos liberando del cautiverio del olvido las actividades que has hecho en los últimos días. El lunes vino tu amiga a visitarte, la que es artista y que, pese a su edad, se desplaza en bicicleta; el martes, tu nieta te llevó a una misa de la Church of Scotland, la iglesia de donde tu marido había sido minister; y el miércoles, como cada semana, tuviste una cita con la peluquera de la residencia para que te arreglara ese pelo que se riza sin tu consentimiento. También averiguamos las cosas que están por venir, que, muy acertadamente, tu hija Maggie va anotando en el cuaderno.

Cuando me despido de ti me das las gracias cariñosamente y, cuando me estoy alejando, me haces esta pregunta, con tal inocencia que no puedo evitar el conmoverme:

Can I do something for you? If I can. Anything! Please, tell me!

Apaciguo como puedo el hervidero de emociones que quieren nacer con tus palabras. Entonces, te sonrío y, volviendo sobre mis pasos, te lo agradezco con un largo abrazo. ¿Si puedes hacer algo por mí? ¡Si supieras lo mucho que ya estás haciendo!

Te dejo complacida, en calma, diciendo una y otra vez “Thank you very much!”. Con ese centelleo que emerge de tus ojos cuando regalas sonrisas. ¡Se te ve tan bonita!

Mi jornada ha terminado y, finalmente, me he ido. Antes de cerrar la puerta te he visto con los pies en alto; en tu regazo, la manta. El reproductor iba cantando melodías de piano y tú has cerrado los ojos, y diría que te has marchado muy lejos, con tu sonrisa puesta. Tal vez bailabas con tu memoria algún baile de recuerdos.

Mientras me alejo, llevando por mochila este momento, me pregunto: ¿Es la vida cruel algunas veces? Y, si es así, ¿cómo puede a la vez contener tanto amor?

 Ilustraciones de Raquel Diaz Reguera

¿Lo ves?

Algo escrito en agosto del 2013. Lo edito de nuevo …

escribe tu propia historia

El Universo entero vive en mí alma; lo estoy percibiendo ahora. Va meciéndose al ritmo de una melodía prodigiosa; encantadora de serpientes que desboca mis sentidos y me sumerge en el olvido del quién creo ser.

Soy el alma de las cosas; la flor que observo, sí, la florecilla; y la tierra que engulle sus raíces. También soy eso.

En el abismoAhí, en el abismo. Allí me entretengo escuchando el eco de Tus formas en un vacilante deseo de adentrarme en el reino de la Nada.

Campanas que suenan a lo lejos para guiar ese camino que no existe, están ahora tintineando en mi cabeza cual música encantada. Susurran amaneceres en mi alma cansada de dar tantas vueltas sin aparente sentido.

¿Sentido? ¿Sentido de qué? ¿Sentido de quién?

Soy la pequeña flor y la tierra que la engulle… ¿Te das cuenta de que es la Vida la que lo sustenta todo? La…

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Una mica de tu en el Montnegre

I ara les teves cendres
abraçaran a una altre mare.

Però tu ets aquí ben present,
en aquell mot,
en qualsevol gest,
en una mirada.

En cada racó on em visc,
puc dibuixar la teva imatge.

I és que no et penso per no plorar
i alhora et tinc dins de casa.

Campins, 4 de juny del 2016

a mi madre…

“Ama hasta que te duela”, me repetía la luna en mis sueños.

¿Cómo se vive la vida después de haberla compartido 64 años con alguien que ahora se ha ido?

Tambores de guerra que inundan tu alma cansada.
Soledad descubierta por la ausencia de ruido, pero que siempre estuvo ahí.
¿Seréis capaces de haceros amigas?

La soledad no es la muerte.
La soledad, en sus silencios, te presenta a su buen amigo.
Te presenta al vacío.

Dicen mis voces que si abrazas al vacío sin miedos te llenas de gloria, pero yo no he tenido valor para hacerlo.
Deseo que tú si lo tengas.
Eres mujer y eres valerosa.

“Danza hechizada la dama de la noche,
en su desdicha salió la luna en pleno y su mirada se tornó lucero”.

Hoy amanecí rendida…

¿Quién quiere levantar mi alma de entre las sábanas que la ocultan?

Hoy amanecí rendida…
Sentada en el rincón donde me busco y no me encuentro,
veo rostros que hacen personas,
a veces sonríen… Otras veces lloran.

No me preguntes qué me pasa ¡Si lo supiera!
¿Acaso sabes por qué hoy el día amaneció lluvioso?

Deja que amanezcan los días como ellos quieran,
cada cual vestido con sus colores y con su original aroma,
que yo caminaré entre sus horas como siempre,
buscándole en cada cosa.

“¿Lo ves? La flor que nace en mi ventana se ríe despreocupada.”