Baile de recuerdos

Entro en la habitación y te encuentro revolviendo todas tus cosas. Hoy te has puesto dos faldas, también una camisa encima de tu jersey. Un pie lo llevas cubierto por un calcetín de color rosa, y el otro, por unos leotardos a medias que vas arrastrando por el suelo mientras caminas por tu cuarto. Pareces buscar algo importante. Tal vez tu memoria perdida. ¿O estarás buscando, como tantas de nosotras, la vida que nos queda?

Para que aceptes mi compañía, intento hablarte de forma cercana y lo hago mientras voy poniendo orden a todas las cosas que has ido sacando de su lugar y has ido esparciendo por toda la estancia.

Una vez te he arreglado la ropa, te ayudo a acomodarte en el sillón de tu casa. Sé que cada vez que te sientas en tu butaca, con las piernas en alto, tapada con tu manta de patchwork y con la hermosa música clásica de alguno de tus CD de fondo, cierras los ojos y te transportas; te vas a otro mundo más amable para ti, tal vez sin olvidos y, lo mejor de todo, vuelve a tu rostro esa entrañable sonrisa.

Como sigues confundida, me arrodillo a tu lado y te recuerdo que este es tu hogar y, una a una, voy descubriéndote de nuevo todas tus cosas.

―Ésta es tu cama ―te explico señalando a tu izquierda mientras tú sigues mi mano con la mirada.

―Y allí, en esa pared, tienes todos tus cuadros ¿Lo ves?

―Aquí ―digo apuntando con mi índice la librería que tenemos al lado―, están tus libros y los discos con tu música preferida; y, en ese armario de allí, tienes guardada “toooda” tu ropa ―te indico haciendo un ademán con mi brazo.

Oh, yes! I see! ―me respondes pausadamente y visiblemente aliviada al reconocer tu reloj de pared, la fotografía que tienes con tu marido y todas las demás cosas que te voy nombrando.
Pongo sobre tus piernas la colcha de colores, que yo sé que adoras, y tú, vuelves a contarme, ya más animada, que la hizo especialmente para ti una buena amiga, una mujer mayor que tenía la virtud de confeccionar cosas hermosas.

Tomo tu otro tesoro, tu diario, donde tus hijas, tu familia y tus amistades más cercanas van anotando, en los días que vienen a visitarte, las actividades y anécdotas que han vivido contigo. Es curioso, pero es el único objeto que sabes donde debes colocar de nuevo cada vez que lo revisas. Put it there, above the cupboard, sueles indicarme. Yo me pregunto por qué querrá la vida que tus recuerdos aniden en la cima de un humilde armario.

Inmediatamente empezamos a pasear por tu diario. Lo leemos juntas. Primero te recuerdo y te señalo el día que es hoy y luego vamos liberando del cautiverio del olvido las actividades que has hecho en los últimos días. El lunes vino tu amiga a visitarte, la que es artista y que, pese a su edad, se desplaza en bicicleta; el martes, tu nieta te llevó a una misa de la Church of Scotland, la iglesia de donde tu marido había sido minister; y el miércoles, como cada semana, tuviste una cita con la peluquera de la residencia para que te arreglara ese pelo que se riza sin tu consentimiento. También averiguamos las cosas que están por venir, que, muy acertadamente, tu hija Maggie va anotando en el cuaderno.

Cuando me despido de ti me das las gracias cariñosamente y, cuando me estoy alejando, me haces esta pregunta, con tal inocencia que no puedo evitar el conmoverme:

Can I do something for you? If I can. Anything! Please, tell me!

Apaciguo como puedo el hervidero de emociones que quieren nacer con tus palabras. Entonces, te sonrío y, volviendo sobre mis pasos, te lo agradezco con un largo abrazo. ¿Si puedes hacer algo por mí? ¡Si supieras lo mucho que ya estás haciendo!

Te dejo complacida, en calma, diciendo una y otra vez “Thank you very much!”. Con ese centelleo que emerge de tus ojos cuando regalas sonrisas. ¡Se te ve tan bonita!

Mi jornada ha terminado y, finalmente, me he ido. Antes de cerrar la puerta te he visto con los pies en alto; en tu regazo, la manta. El reproductor iba cantando melodías de piano y tú has cerrado los ojos, y diría que te has marchado muy lejos, con tu sonrisa puesta. Tal vez bailabas con tu memoria algún baile de recuerdos.

Mientras me alejo, llevando por mochila este momento, me pregunto: ¿Es la vida cruel algunas veces? Y, si es así, ¿cómo puede a la vez contener tanto amor?

 Ilustraciones de Raquel Diaz Reguera

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8 comentarios en “Baile de recuerdos

  1. Sergio dijo:

    Por unos momentos me has transportado a otro mundo y mis sentimientos se han removido cual terremoto interno con este relato. GRACIAS. Gracias por darle a mi corazón un trocito más de amor.

    • Manuela Mompó Rodríguez de Vera dijo:

      Revoloteo de emociones en mi corazón qué despiertan en mi interior,la mayor de las ternuras.Estas don las noticias que deberíamos escuchar.Tobabia hay esperanza,creémos nuestros pensamientos y hagamos un mundo feliz.Gracias por enseñarme todo lo bueno de esa situación.El AMOR,todo lo transmuta,esa es la verdadera alquimia de la vida.Doy fé de ello.Te siento cerca y sé que estás en mi corazón,gracias por ser!!!fadeta fel rabét.

  2. Elena Perez Martínez dijo:

    Querida Marta. Sabes que hace tiempo que no circulo por las redes. Hoy me ha dado el punto de revisar todo aquello que ha ido sucediendo en las vidas de la gente que amo y que tengo lejos.
    Solo decirte que me has conmovido tanto, tanto….
    Muchas gracias por ser como eres, por tu capacidad de empatía, de ternura, y de amar.
    El mundo es un lugar maravilloso visto a través de tu alma.
    Elena.

  3. Odette dijo:

    Llegint te, he tornat a recordar més clarament aquells moments que també vaig tenir la gran sort d’estar per poc que fos, al teu costat, com la iaia que tens a la teva cura, que de ben segur entre les dues la màgia es torna una certesa, … i sincerament, Marta, no hi ha res amb més llum capaç de transformar que aquesta correspondència que no sé posar hi paraules, perquè no les trobo. Però encara que et sembli massa, no és desmesura el que m’emporto de tu. La que transmets és una connexió natural que no es troba fàcilment, és allò que anhelem per viure i ens costa tant tocar…és al voltant i amb nosaltres però molts cops no ho sabem sentir… Tu ho despertes quan obres els sentits davant allò que tens al voltant, i molts cops, potser sense saber ho desplegues el do de transformar des d’aquests delicats moments, grans moments que com tu dius i tens tota la raó, són recíprocs, i aquí està la màgia. Així de senzill. Gràcies sempre!!

  4. pazinterior dijo:

    Gracias, Sergio, Elena, estimada Odette. No pretendía llevarme yo los laureles. Es una necesidad grande de compartir esos momentos, tal vez, con la intención de que la gente que lee pueda percibir cual es la realidad, la cotidianeidad de nuestros ancianos y ancianas, con demencia en este caso… en fin. No se qué más decir. Gracias por vuestros comentarios. Un beso! :-*

  5. DUCREIN dijo:

    Hacía mucho que no visitaba tus letras, he estado alejado también de mi blog demasiado tiempo. Hoy he tenido la suerte de recibir un par de likes tuyos, lo que me traído hasta aquí para poder leer esta maravilla.
    Me ha emocionado profundamente tu post.
    Gracias por esta luz, gracias por hacerme mejor, gracias por todo el amor vertido.

    • pazinterior dijo:

      Hola Ducrein,
      Me encantó volver a recibir un correo con un nuevo post tuyo. Me alegro que te haya gustado. Una pincelada de mi aventura por Edimburgo. Un abrazo desde un rincón de Andalucía.

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