Color de Vida

Voy buscando en los campos de batalla las flores que andan ocultas detrás de tanto ruido.
El tenue hilo que me une a ellas se escurre entre mis dedos con la fuerza de los vientos de la ignorancia.
Dónde andarán las flores, las flores vestidas de color de vida.

Entré en la cueva callada y, ¡ay!, quieren las tinieblas que olvide tu perfume, más no saben ellas que existe un lugar que no tiene forma, donde no hay batallas, ni hilos, ni siquiera vestidos que puedan ocultar tu aroma.

Edimburgo, 18 noviembre 2015

 Ilustración Marta Ventura

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Mándame una estrella…

Mándame una estrella tú que ahora vives entre ellas… que ilumine mis pasos y que ayude a mis ojos a ver la Belleza.

Isle of Iona

He plantado ya muchas semillas en esta vida… aunque ahora no recuerdo qué flores llevaban.

El aroma de las flores, las de las semillas que tú misma plantaste, guiará tus pasos…
La luz de la hermosa estrella que te mando, va a iluminar tu mirada y le dará calidez a tu anhelada alma.

¡Feliz cumpleaños!”

Edimburgo, 1 de septiembre del 2015

isle of iona

Fotografías hechas en Isle of Iona, Scotland en agosto de 2015

Es tiempo de volver a nacer

Rudolph Carl GormanLa Mujer que habita en mi abrió la puerta que me lleva a otro mundo. Sé que es tiempo de marcar caminos donde no los hay, donde no puede haberlos. No voy a quejarme de la tarea que me ocupa… “Solo hacer lo que tiene que ser hecho”. Hay que pararse, revisar y rectificar si cabe la ruta que me lleva al anhelo de mi alma, allá donde la brisa acuna mis sueños, la tierra los fertiliza, y el sol y la lluvia los hace crecer.

De día, la luz del sol es mi guía. En la noche, la luna y las estrellas son las que agitan sus luceros para que yo pueda verlos. Se acabó el tiempo de espera. Es tiempo de regresar a la Vida. Es tiempo de volver a nacer.

“Voy al encuentro de mi misma… Y se paró todo movimiento, desapareció toda forma. Caen como pétalos las verdades ilusorias. Y, si alguien o algo queda en ese espacio, te aseguro que no soy yo”.

Pintor Rudolph Carl Gorman

Pinturas de Rudolph Carl Gorman

Y sigo aprendiendo…

Nocoletta tomas

Llevo un mes en mi nuevo trabajo…

Y me pregunto por qué nuestras madres, nuestros padres, nuestras abuelas y abuelos viven en Residencias de Ancianos, Care Homes (Casas de Cuidado) como les llaman aquí en Edimburgo.

Una de las primeras cosas que me pregunté al volver a trabajar en un sitio como este es si yo querría esta vida, ya no para mí, sino como futuro de mis hijas y de mis hijos, de las generaciones futuras… mi respuesta fue rotunda y con dolor en el corazón… ¡Nooo!

Un ex profesor de Harvard, un ex piloto de aviones comerciales, una ex enfermera que ella misma conoce los tratamientos que necesita, una mujer que ya ha cumplido los 100 años y que es una de las que están más ágiles de toda la residencia, un marido que su mujer vive en el piso de abajo o una mujer que su marido vive en el piso de arriba, un hombre grandullón que ex vivía en la calle y ahora vive en una habitación de esta “Casa”, un ex doctor al que le llamamos Doctor (pronunciado en inglés), una mujer devoradora de libros que tiene una fotografía en la mesilla de noche saludando a la Reina de Inglaterra, una mujer dulce, pequeñita y delgada que tiene unos profundos y bellos ojos azules detrás de sus gafas asentadas a media nariz,… y así hasta más de sesenta personas mayores con distintos grados de demencia.

Este es el sistema que estoy aceptando… No puedo evitar el que me produzca una profunda tristeza. Cuántas vidas, gente que una vez fueron niños o niñas (y que os aseguro siguen siéndolo en algún rinconcito de esos cuerpos ya gastados) personas que seguramente vivieron su adolescencia defendiendo ideales, que probablemente anduvieron persiguiendo sueños, que tal vez amaron con locura… Gente como yo.

Me paseo por los pasillos de esta gran “Casa” y, con frecuencia, me quedo observando a unas y a otros en sus silencios, e intento ponerme en su piel ¿qué estarán sintiendo, viviendo…?

¿Qué estará pasando por la cabeza de la mujer menuda de ojos azules, a la que hemos acostado hace ya un buen rato y que está con sus hermosos ojos mirando el infinito de su techo?

¿Qué pasará por la mente de otra pequeña mujer que no ha querido acostarse, ni siquiera ponerse el pijama, porque dice que han de venir ahora a visitarla? Espera sentada en el sillón de su “Casa”, entretenida doblando una servilleta.

¿Por qué tiene que venir su mujer de visita desde el piso de abajo porque él llora desconsolado su añoranza? Se han quedado cogidos de la mano y él le decía: “I love you!” una y otra vez, y ella, que no oye bien, no dice nada.

Tantos momentos robados por mi retina van quedando por ahí dentro, no sé qué decir…

“Y plantaron amorosos las semillas de las que yo pude saborear los frutos… Ahora, la impuesta soledad de su alma vive en el habitáculo de unos cuerpos que se van marchitando”.

Edimburgo, 12 de enero del 2015

Nicoletta Tomas b

Ilustraciones de Nicoletta Tomas

Abraçada

calma-bonançaLa vida a voltes tremola i no se ben be si és de por o que te fred.

El sol no entra per la finestra de la meva cambra i m’obliga a lluitar amb les ombres que volen que romangui abraçada a la meva manta.

I m’esforço per encetar el dia sense el pes d’aquesta nostàlgia que no te una causa definida. Solament és que hi és.

El que estima, el que viu sense qüestionar-ne les coses, el que és presència calma i plena de bonança, també hi és, però a voltes juga a amagar-se en indrets on jo no pugui trobar-lo. Tant profund, tant llunyà que esgota la meva paciència i la tristor surt vencedora aconseguint romandre a casa meva.

Njuguna-And-Sings-My-SoulFins que hi ha quelcom que m’empeny a fer un mig somriure i sembla que llumetes tremoloses il•luminin la meva casa i em convidin a ballar plegades. Quan ho faig, m’adono que qui toca la música és el que estima, el que viu sense qüestionar-ne les coses, el que és presència calma i plena de bonança… el que senzillament és. Que no està amagat com jo em pensava. Ell solament roman en el silenci, sempre esperant, pacient, a que em tregui la vena que cobreix la meva casa i que accepti, finalment, la seva abraçada.

“La petita flor s’obre camí per la gèlida pedra, ella solament pensa en ser… tot i ser trepitjada”.

04 de novembre 2014, Edimburg

Ilustración de Bernard Ndichu Njuguna, Kenia.

No recuerdas mi nombre

Arquer Buigas

Para M.T.C.

Abandona la mirada por el trocito de cielo que contiene su ventana. Ve pasar gaviotas, cuervos y palomas, que suelen inundar los cielos de Edimburgo, y sus ojos se iluminan con un destello de nostalgia.

―¿A dónde irán los pájaros cuando se mueren? ―pregunta sin dejar de seguir con la vista el vuelo de las aves.

El reloj llena nuestro espacio de silencios, y en un “tic tac” la curiosidad me mueve y me lleva a devolverle la pregunta:
―Es verdad… ¿Dónde irán los pájaros cuando se mueren?

Y ella, despreocupada y sin dejar de mirar por la ventana, responde:
―¡Al suelo! ¿Dónde quieres que vayan…?

Te acompaño siete horas de cada seis de mis días. Pero tú no lo sabes, pues no recuerdas mi nombre.

Cada mañana me esmero para que quieras ser nuevamente mi amiga, porque la enfermedad que tienes te obliga a olvidarme.

No debe importarme si puse bonitas flores de tu jardín en la mesa o si peiné tus cabellos para que te sintieras hermosa. En lo que dura un “tic tac”, no sabes que lo hice yo, pues ni siquiera recuerdas mi nombre.

Y así, sentadas frente a la ventana, hoy dejaste volar tu mirada y a esa mente traicionera que ha querido volverte la espalda… “¿Dónde irán los pájaros cuando se mueren?”, me has dicho…

Y, a continuación, me cuentas dónde naciste… y yo te escucho ilusionada.

Y, en un “tic tac”, vuelves a explicarme dónde naciste… y yo te sonrío como si no supiera nada.

Y… “tic”, “tac”, me cuentas nuevamente dónde naciste… y la pena va calando mi alma.

Repites las cosas una y otra vez, pues tu mente no puede recordar lo que acabas de contar.

Y es que esta enfermedad es muy cruel contigo, como lo es con tu familia… como lo es conmigo.

Y yo no puedo hacer nada más que acompañarte… ¡Parece tan simple!

cuidandoCuidar de ti lleva un rótulo que reza “sin condiciones”. Aprendí hace días a no esperar nada a cambio, pues podemos reírnos juntas ahora y, un rato después, puedes echarme de tu lado.

No hay logros que contabilizar, existen momentos, momentos en los que parece que el sol alumbre nuestro humilde paisaje, sin embargo, de nada sirve agarrarse a ellos, aparecen por sorpresa y, al instante siguiente pueden volver a surgir las intratables sombras.

Cuidarte a ti me obliga a mirarme a mí en el espejo, a ver mis flaquezas, también a calibrar mis valores y, ante todo, me ofrece una oportunidad: la oportunidad de aprender a crecer, de elevarme en la balanza de la tolerancia, de la compasión y especialmente del amor.

Pero no, no van las medallas para quien te cuida… todas las hermosas flores de tu jardín serían insuficientes para honrar a tu alma, esa alma que vive a merced de esta insensible dolencia.

Y aunque no recuerdes mi nombre, aunque en ocasiones me eches de tu lado, atesoro en mi corazón esos instantes de íntima complicidad que las dos vamos disfrutando. De eso yo sí que me acuerdo, te lo aseguro; instantes que me ayudan a seguir acompañándote en esta dura y cruel enfermedad que es el alzhéimer.

Pintura de arriba: Arquer Buigas

Donde Te vivo

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(Ilustración: Pintor japonés, Hokusai)

En el infinito donde Te vivo aguardo el día en que asistas a mi rapto y me sumerjas en el sentido de las cosas.

Cuando mi cuerpo se adentra en su gozo, me acuerdo de Ti y ya no hay nada más que importe. Las formas se debilitan hasta que las fronteras se rompen y permanecemos Tu, y yo, y todas y todos, y también nadie… Solamente Esa niebla luminosa que lo conquista todo.

En el infinito donde Te vivo descubro el anhelo de Tu rapto.

“Y entregué mi placer a las almas sufrientes, buscando reparar el equilibrio de las cosas”.

 


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Mar de lunas plateadas que nutres los rincones de mi alma y haces que mis pasos reafirmen su marcha.

Mis dos soles, mis dos flores bellas; cada una con su singular tallo, con sus propios colores, con su particular aroma.

Su tierra fertiliza mis raíces y con nueva savia reanudo mi viaje.

Al levantarme… sensaciones

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Se detiene a veces mi cuerpo y dice que ya no me lleva.
Otras veces, es el cuerpo el que se levanta por las mañanas, muy a pesar mío, y me pasea por cada hora de mi día sin mi consenso.
Frente a la ventana, permito que el sol me invada e intento así crear lazos de amistad con la vida que estoy llevando.
Su luz le da calidez a mis pensamientos, y yo le pregunto a cada mota de polvo, de esas a las que observo bailar alegremente en el rayo de sol que se cuela por mi ventana, cuál es el secreto de esa danza gozosa, y les explico que mi canción ha extraviado su sentido, y que mi alma se encuentra perdida en este bosque de noches y de días y que, errante, no acierta a saber dónde posarse.

♥ ♥ ♥

La magia quiere entrar en mi vida, pero no acierta el cómo.
Los fantasmas de la noche hacen guardia a las puertas de mi castillo, y yo me mantengo encerrada junto a mis circunstancias.
Pero hoy se coló una preciosa hada por una minúscula ventana; me zarandea, me sacude, va haciéndome cosquillas y tirando de mi pelo. Con su diminuta voz me grita, una y otra vez, que atraviese la puerta, que sus centinelas sólo son fantasmas que puedo franquear, y que la luz del sol, y de la Vida, me esperan fuera… Que la magia aguarda paciente a que cruce el umbral de la puerta para tomarme y llevarme por el sendero que cruza el arcoíris.

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Sin el tacto de las cosas

Fotografía: Paul Hill, 1975

Fotografía: Paul Hill, 1975

Si quiero besar la luz de la luna y acariciar las estrellas, convendrá que mis raíces se asienten bien en la tierra. No hay otra forma de alcanzar el cielo.

Hoy trencé mi larga melena. Dicen las voces del viento que, al trenzarla, se crean lazos con la tierra que me sostiene. Pero decidí salir al campo y deshice mis trenzas, y así, cada hilo de mis cabellos se aunó con alguna u otra forma de vida. Pero ¡hay! que no había otras formas de vida a las que unirse pues, lo que parecían otras vidas, era la mía propia.

Desde mi atalaya observo el camino que han dejado mis pasos. Todo lo que nos toca, nos hace nacer. Sin el tacto de las cosas no existimos.

¿Te das cuenta? Solamente en relación contigo dejo de ser invisible.

“Te he visto flor, y al mirarte, me he visto en tu cara”.

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Mañana, será quizás

Ilustración Marta Ventura

Me acerco suavemente a la tierra y percibo el íntimo aroma de las cosas. Hoy, mis raíces han querido agarrarse a ella con fuerza, y la savia ha corrido de nuevo por mis venas. Hoy he vuelto a la vida… Mañana, será quizás.

¡Qué paciencia la Tuya, que vas encendiendo farolillos dorados para que yo los siga!
¿Cómo voy a hablar del amor si no me cabe en la palma de mi mano… ni en la de todas las manos?

¿Cómo puedo describir el sabor de Tu beso, si las letras se hallan ocultas en el espacio velado que hay entre dos motas de polvo?

¿Cómo puedo convencerles de que moras en la pequeña maceta de mi ventana, si ni yo misma me atrevo a mirarte?

Y sé que estás ahí…
Cuando yo soy la hermosa flor y, al mismo tiempo, la que percibe su delicado aroma.

¡Sé que estás ahí!
Cuando te escondes de mi entre los diez mil pliegues de la insondable noche.

Pero hoy he vuelto a la vida.
Mañana… será quizás.

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